Extraño a mi esposa poema

Poema para mi esposa. Eres tu lo más bonito que he tenido yo en mis sueños desde que era muy chiquito yo he querido ser tu dueño. Esta poesía te escribo con ella va mi cariño esta vida no concibo te quiero desde muy niño. Te pido que seas mi esposa pues te quiero a ti mujer eres tu la más hermosa hoy te entrego mi querer. Poemas para mi esposa Cuando queremos mostrar amor a nuestra querida esposa le damos una flor, un beso, unas palabras de amor, algo que la haga sentirse amada. Con algunos de estos poemas no hay error, ella los amará. Extraño tus ojos junto al mismo sueño mágico y ambiguo. Que una tarde de esas… soñamos los dos. Te pienso, mi Vida, desde mi locura más inhabitable, De sortear el tiempo con cada caricia que duerme escondida. En tus blancas manos, dos rosas benditas… Te extraño, con celo de fiera encendida, Al llegar la noche… y al entrar el día, ♡ Te quiero para compartir contigo mis besos, mi piel, mis sueños y mis planes. Me haces falta porque sin ti, mi vida no tiene razón de ser. ♡ Y aunque a nadie le digo que te quiero, todo el mundo nota que te extraño... ♡ Cuando las cosas se empiezan a poner mal, lo único que quiero es correr a tus brazos. Te extraño mucho mi vida y siempre que esté ausente te extrañaré. Autor: Joan Mengual. Poemas de amor les regala este último poema de Joan para su amor Luz Marina. Te extraño mucho mi amor está basado en la distancia de la pareja, si hay amor, se deben de extrañar y no importa lo que piensen, cuando se extrañe a su pareja, dígalo, no ... 17-jul-2019 - Explora el tablero de Manuel 'Poemas para mi esposa' en Pinterest. Ver más ideas sobre Poemas para mi esposa, Te amo esposo, Frases de enamorados. Te extraño amor poema por ser tan especial. A continuación y antes de comentar les ofrecemos el poema. Título: Te extraño amor …. Te extraño al ver pasar los segundos, al no saber de ti en minutos, al pensar que solo te veré entre horas, por todo eso te extraño amor. Tu amor lo siento muy dentro de mi, necesito saber siempre de ti, Poemas de amor para enamorar. Conquistar a la persona que te gusta se puede convertir en una tarea fácil si le dedicas unas lindas palabras. Y los poemas cortos de amor son ideales para ellos. Ya que a través de breves líneas puedes elogiar a la persona deseada. Te extraño a cada momento de mi vida No hay un segundo en que no te eche de menos Te busco en mis sueños… Abrazo la almohada creyendo que es tu cuerpo Miro la luna y creo que te lleva “mis te quiero” Te extraño siempre… Siento que tu mirada busca mi cuerpo Que mis manos acarician tus ojos negros 04-sep-2018 - Explora el tablero de Manuel La Rosa 'Poemas para mi esposa' en Pinterest. Ver más ideas sobre Poemas para mi esposa, Frases bonitas, Frases de amor apasionadas.

.........Y mato porque me toca.

2017.08.15 07:49 Subversivos .........Y mato porque me toca.

El relato del crimen que transportó a este país hacia las regiones mentales más frías de los asesinos anglosajones en serie comienza cuatro años antes del 30 de abril de 1994, noche en la que un estudiante de tercero de Químicas, de 22 años, y otro de tercero de B.U.P., de 17, eliminan a un hombre con 20 puñaladas porque lo exigía el guion del juego que ellos mismos inventaron.
LOS SUCESOS DE EL PAÍS ... Y mato porque me toca Los reportajes y ensayos de esta veraniega serie han sido extraídos del libro Los sucesos de EL PAÍS, publicado en 1996 como parte de la conmemoración de los 20 años del diario, lanzado el 4 de mayo de 1976. Históricas firmas del periódico, como Rosa Montero, Juan José Millás o Jesús Duva desmenuzan algunos de los crímenes que han marcado la reciente Historia de España, de la matanza de Atocha al crimen de los Marqueses de Urquijo.
Cuatro años antes de aquella madrugada, en un campo de fútbol del barrio madrileño de Chamartín, Félix Martínez, un niño de oc­tavo de E.G.B., se embelesa con los gritos desde la grada de un chaval cinco años mayor, ojos azules detrás de gafas gruesas, metro noventa sobre el nivel del suelo, moreno y desgarbado en el andar. Félix se le acerca creyendo que declama nombres de personajes del juego del rol, el invento que surgió a finales de los sesenta en Estados Uni­dos y conquistó en forma de negocio las papelerías españolas en la década de los noventa. Varias fichas, un tablero, una historia inven­tada y unos roles, interpretaciones o arquetipos que se adjudica a ca­da participante. Inteligencia, fantasía y tiempo libre para probarlas. Ordena y manda la figura del rol master.
A Félix no le gustaba ningún deporte, ni siquiera le apasionaba el cine, ni las chicas –su primera relación amorosa la tendría dos años después–, ni las motos, ni la ropa, ni los estudios. Tan sólo leer, a ser posible historias paranormales, escribir poemas y jugar al rol.
Félix se iba a llevar una sorpresa. Allí tenía un posible compañe­ro de Rol gritando aparentemente nombres de personajes. ¿A qué es­peraba para conocerlo? El chico de E.G.B. aborda por fin al miope de ojos azules y le pregunta si también sabe jugar al rol. Dos trage­dias se dieron la mano.
MÁS INFORMACIÓN ... Y mato porque me toca Todo lo publicado en El País sobre el caso 2008: Javier Rosado, el asesino del rol obtiene el tercer grádo 1999: Félix Martínez se rehabilita en un piso de estudiantes La de Félix, fácil de resumir: nunca tuvo hermanos, su padre ge­nético murió drogadicto y enfermo de sida cuando el niño cumplía un año, la madre mexicana, también drogadicta, conoció a su padre adoptivo cuando el chaval cursaba segundo de E.G.B. y se separaría cuatro años más tarde. Félix conocería entonces el cariño incondi­cional del nuevo padre y el desbarajuste colegial de todos los maes­tros por los que iba pasando, ya fueran de Madrid, Ibiza o La Rio­ja, según adjudicaran su estancia al lado de la madre o del padre. «Nunca hubo paz, eso no era una familia», confesaría el chico. La madre muere también de sida dos años antes del crimen y dos años después del encuentro con Javier en el campo de fútbol.
Félix, un carácter inseguro, nunca líder ni siquiera de sí mismo, lector empedernido, conoce en aquel campo a otro lector más empe­dernido, un fulano con una seguridad en sí mismo extraordinaria, alguien con frases del tipo «las mejores drogas están en la cabeza de uno», solitario, bien educado, taciturno y didáctico: Javier Rosado Calvo, vecino de Félix en una calle de Chamartín donde los pisos de cien metros cuadrados cuestan hasta 30 millones de pesetas de los años noventa. El del padre adoptivo de Félix, empleado en una empresa de máquinas tra­gaperras, era tan sólo alquilado.
Javier gritaba en las gradas varios nombres pero, para sorpresa del chiquillo, aquel tipo encorvado no sabía jugar al Rol. El chasco duró sólo un segundo, porque las palabras del otro llevaban un significado aún más atractivo y profundo que el del simple juego: eran nombres, pasajes, del gran novelista de literatura fantástica H. P. Lovecraft, el genio de principios de siglo cuyos relatos de tumbas, castillos temblorosos, sueños, monstruos y nieblas llegan cargados de frases tipo: «Los hombres de más amplio intelecto saben que no existe una verdadera distinción entre lo real y lo irreal; que todas las cosas aparecen tal como son tan sólo en virtud de los frágiles senti­dos físicos [...]». H. P. Lovecraft, la pasión confesa de Javier.
«Desde que conocí a Javier y me metió en su mundo», reconoció Félix en sus exploraciones psiquiátricas y psicológicas a raíz del cri­men, «todo cambió para mí, encontré otro tipo de pensamientos le­jos de los vulgares de cada día, cambió mi interior, me entregué a es­te tipo de filosofía que era apasionante, aún me sigue pareciendo apasionante, Javier se convirtió para mí en un ser extraordinario muy superior al hermano mayor que nunca tuve, me dejé arrastrar por él [...]. Al cabo de un tiempo llegué a hablar como él y a hacer gestos como él. Él hablaba mucho mejor que yo, mis ideas me las re­batía con facilidad [...]. Todo el mundo era estúpido para él, pero yo creo que yo para él no era estúpido».
Y Javier, la otra cara de la tragedia, encontró en Félix el público de banderita y trompeta que necesitaba su egolatría, el hermano pe­queño que tampoco tuvo, porque su único hermano, un año mayor, más fuerte, vencedor en las disputas físicas, apenas se trataba con Javier. Félix sería el discípulo predilecto de una filosofía alimentada con cuatro obras de Friedrich Nietzsche, Edgar Allan Poe o Stephen King mal mezcladas y otras tantas decenas seudoliterarias, peor di­geridas.
Durante una convalecencia por lesión en una pierna, Félix le lle­va un juego del rol y Javier aprende a jugar. Al poco tiempo el en­fermo crea Razas, un juego basado en el rol. La humanidad se di­vide en 39 razas o arquetipos que él ha inventariado basándose en personajes y nombres novelescos prestados por Lovecraft. Las razas, diría Javier, son ideas humanas llevadas al extremo. La raza 37 corresponde a los psicólogos, la 25 a las mujeres, la 22 al hombre, la 1 al bien y la 7 al mal. Cuando los psiquiatras le preguntan si jugaba al Rol, hay veces en que Javier llega a enojarse y dice que su juego era mucho más importante que el rol; era Su Obra, una «filosofía total» a la que había dedicado más de mil páginas y de la que espe­raba escribir un libro.
Hasta la noche del crimen, Javier pasa por un tipo normal, sin traumas perceptibles ni siquiera por su familia. Su padre, ingeniero industrial, solía jugar al ajedrez con él, su madre, enfermera, le sa­naba las heridas, y su hermano, compañero repetidor en tercero de Químicas, aseguraba que a Javier le bastaba con asistir a clase para aprobar.
Javier no era un joven de inteligencia superdotada, en eso coinci­den profesores y psiquiatras, pero disponía de la justa para creerse con mucha, para ganar un concurso de ajedrez en la cárcel y no disimular el orgullo o para impresionar a cuatro chavales del barrio menores que él. En los dos primeros cursos de Químicas consiguió seis aprobados, dos notables y un sobresaliente. Un expediente bueno, sin más.
Personalidad, conocimientos y edad suficiente, en cualquier caso, para erigirse en Master, líder de la banda del rol, que entre bromas y veras planeó matar la madrugada del 30 de abril a la primera víctima de lo que iba a ser una serie de crímenes. Los otros dos chava­les, Javier Hugo E. S. y Jacobo P., de 17 y 18 años respectivamente, fueron encausados por conspiración para el asesinato. A Jacobo le preguntó la policía por las normas de Razas y contestó que no había normas concretas como en el fútbol: «Se trata de sobrevivir en un mundo imaginario». Unas veces había que impedir la llegada a puerto de un barco, otras, era preciso destruir una ciudad y en al­gunas ocasiones se trataba de asesinar a alguna mujer que traicionó a su raza. Todo sobre la mesa.
Jacobo declaró que cuando Javier y Félix le llevaron al descampado donde habían eliminado a un hombre y se lo confesaron, él lo tomó como una fantasmada. Javier y Félix se vanagloriaban de aquello y lo equipararon al crimen de las setenta puñaladas, perpe­trado cerca de su barrio.
Empieza el juego
Un mes antes de la noche del 30 de abril, El País publicaba el hallazgo del cadáver de un hombre con unas setenta puñaladas y los ojos sacados. La noticia no causó otro efecto en los presuntos asesi­nos que el de animarles. A partir de ahora el tablero iba a adquirir la forma de toda la ciudad, con sus cuestas, sus descampados tene­brosos, sus personajes hundiéndose en la noche; las fichas serían pu­ñales y para moverlas vendría mejor usar guantes de látex que Ja­vier tomaría de sus clases de prácticas en la facultad; las reglas, sin límite.
Félix contó a los psiquiatras: "Yo creo que todo empezó a pla­nearlo [Javier] con decisión a raíz de un libro concreto de Lovecraft: Ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter, y en especial el capí­tulo "A través de la llave de plata", pasaje en el que un hombre se cansó del mundo y empezó a dedicarse a sus sueños hasta que al fi­nal estos sueños invadieron su propia realidad».
Carlos Moreno, la víctima del asesino del rol Javier Rosado. Carlos Moreno, la víctima del asesino del rol Javier Rosado. La realidad invadida puede ser la de un hombre casado como Carlos Moreno, con tres hijos y amigo de una viuda también con tres hijos, con la que había pasado la noche. Carlos visitaba desde hacía cinco años la casa de su amiga Modesta L., de 51 años, desde las diez hasta la una de la madrugada. Nunca pensó en separarse, ni Mo­desta se lo pidió, ni su mujer ni sus hijos, conscientes de la relación, lo obligaron. Los viernes Carlos salía más tarde de aquella casa y aquel viernes de abril salió a las tres. Si cobraba su nómina de 60.000 pesetas, montaba en taxi hasta la otra punta de la ciudad. Y si no, el búho, que es como se conoce en Madrid a la línea de autobuses nocturnos. La noche del crimen Carlos llevaba las 60.000 pe­setas en el bolsillo, pero optó por el autobús. Y en la parada encon­tró a los admiradores de Lovecraft dispuestos a soñar sus pesadillas.
El crimen perfecto exigía, según Henry, el psicópata de la pelícu­la Retrato de un asesino, un desconocimiento total de la víctima, ningún móvil, nada. Ya lo habían avanzado la novelista Patricia Highsmith y el director Alfred Hitchcock en Extraños en un tren: si un desconocido mata a mi esposa y yo a su madre, nadie ha de sos­pechar nada; en principio.
Así que ahí llegan los dos, Javier y Félix, en busca de una vícti­ma a la que nunca han visto. El escenario no podía ser más propi­cio. Un descampado de risco y pastizal, una casa desvencijada en medio de un llano, de esas que parecen existir sólo en días de vien­to, una luna de miedo y una parada de autobús, como un oasis sin nadie.
Para acercarse a los hechos valga el diario de Javier Rosado, un texto sin precedentes en la historia criminal de España:
«Salimos a la 1.30. Habíamos estado afilando cuchillos, preparán­donos los guantes y cambiándonos. Elegimos el lugar con precisión.»
«Yo memoricé el nombre de varias calles por si teníamos que sa­lir corriendo y en la huida teníamos que separarnos. Quedamos en que yo me abalanzaría por detrás mientras él [por Félix] le debilita­ba con el cuchillo de grandes dimensiones. Se suponía que yo era quien debía cortarle el cuello. Yo sería quien matara a la primera víctima. Era preferible atrapar a una mujer, joven y bonita (aunque esto último no era imprescindible pero sí saludable), a un viejo o a un niño. Llegamos al parque en que se debía cometer el crimen, no había absolutamente nadie. Sólo pasaron tres chicos, me pareció de­masiado peligroso empezar por ellos [...]. En la parada de autobús vimos a un hombre sentado. Era una víctima casi perfecta. Tenía ca­ra de idiota, apariencia feliz y unas orejas tapadas por un walkman.»
«Pero era un tío. Nos sentamos junto a él. Aquí la historia se tornó ca­si irreal. El tío comenzó a hablar con nosotros alegremente. Nos con­tó su vida. Nosotros le respondimos con paridas de andar por casa. Mi compañero me miró interrogativamente, pero yo me negué a ma­tarle.»
Félix no supo explicar después por qué Javier le perdonó la vida. Y el otro nunca lo contó.
«Llegó un búho y el tío se fue en él [...].»
«Una viejecita que salió a sacar la basura se nos escapó por un minuto, y dos parejitas de novios (¡maldita manía de acompañar a las mujeres a sus casas!).»
«Serían las cuatro y cuarto, a esa hora se abría la veda de los hombres [...]. Vi a un tío andar hacia la parada de autobuses. Era gordito y mayor, con cara de tonto. Se sentó en la parada.»
« [...] La víctima llevaba zapatos cutres y unos calcetines ridícu­los. Era gordito, rechoncho, con una cara de alucinado que apetecía golpeada, y una papeleta imaginaria que decía: "Quiero morir". Si hubiese sido a la 1.30 no le habría pasado nada, pero ¡así es la vida!»
«Nos plantamos ante él, sacamos los cuchillos. Él se asustó mirando el impresionante cuchillo de mi compañero. Mi compañero le mira­ba y de vez en cuando le sonreía (je, je, je).»
Félix alegó dos meses después ante la policía que se encontraba algo bebido y que le daba miedo desobedecer a su amigo.
«Le dijimos que le íbamos a registrar. ¿Le importa poner las ma­nos en la espalda?, le dije yo. Él dudó, pero mi compañero le cogió las manos y se las puso atrás. Yo comencé a enfadarme porque no le podía ver bien el cuello.»
«Me agaché para cachearle en una pésima actuación de chorizo vulgar. Entonces le dije que levantara la cabeza, lo hizo y le clavé el cuchillo en el cuello. Emitió un sonido estrangulado. Nos llamó hi­jos de puta. Yo vi que sólo le había abierto una brecha. Mi compañero ya había empezado a debilitarle el abdomen a puñaladas, pero ninguna era realmente importante. Yo tampoco acertaba a darle una buena puñalada en el cuello. Empezó a decir "no, no" una y otra vez. Me apartó de un empujón y empezó a correr. Yo corrí tras él y pude agarrarle. Le cogí por detrás e intenté seguir degollándole. Oí el desgarro de uno de mis guantes. Seguimos forcejeando y rodamos. "Tíralo al terraplén, hacia el parque, detrás de la parada de auto­bús. Allí podríamos matarle a gusto", dijo mi compañero. Al oír es­to, la presa se debatió con mucha más fuerza. Yo caí por el terraplén, quedé medio atontado por el golpe, pero mi compañero ya había ba­jado al terraplén y le seguía dando puñaladas. Le cogí por detrás pa­ra inmovilizarle y así mi compañero podía darle más puñaladas. Así lo hice. La presa redobló sus esfuerzos. Chilló un poquito más: "Jo­putas, no, no, no me matéis".»
«Ya comenzaba a molestarme el hecho de que ni moría ni se de­bilitaba, lo que me cabreaba bastante [...]. Mi compañero ya se ha­bía cansado de apuñalarle al azar [...].»
«Se me ocurrió una idea espantosa que jamás volveré a hacer y que saqué de la película Hellraiser. Cuando los cenobitas de la pelí­cula deseaban que alguien no gritara le metían los dedos en la boca. Gloriosa idea para ellos, pero qué pena, porque me mordió el pulgar. Cuando me mordió (tengo la cicatriz) le metí el dedo en el ojo [...].»
«Seguía vivo, sangraba por todos los sitios. Aquello no me impor­tó lo más mínimo. Es espantoso lo que tarda en morir un idiota [...].»
Carlos Moreno Fernández fue un idiota que trabajó desde los ocho años como aprendiz de relojero, un obrero que con el oficio más que aprendido se quedó en paro desde hacía nueve años y padeció de nervios hasta que su esposa lo colocó en la empresa de limpieza El Impecable Ibérico, probablemente un nombre estúpido también; Carlos Moreno Fernández fue un idiota que no consintió jamás la entrada de un fontanero, un albañil o un electricista en casa porque él solo se bastaba para arreglarlo todo, un hombre idiota que a fuer­za de trabajo había conseguido dinero para educar a sus tres hijos, que sabía cocinar y le encantaba cuidar flores, un hombre que huía de los televisivos «Quién sabe dónde», «Su media naranja» y «Códi­go Uno», porque le parecían «programas para marujas». Un hom­bre. Con sus aspiraciones a corto y largo plazo, sus pequeños y gran­des recuerdos, reducidos a un charco y un bulto entre las piedras.
«Vi una porquería blanquecina saliendo del abdomen y me dije: “Cómo me paso” [...].»
«A la luz de la luna contemplamos a nuestra primera víctima. Sonreímos y nos dimos la mano [...]»
«No salió información en los noticiarios, pero sí en la prensa, El País, concretamente. Decía que le habían dado seis puñaladas entre el cuello y el estómago (je, je, je). Decía también que era el segundo cadáver que se encontraba en la zona y que [el otro] tenía 70 puña­ladas (¡qué bestia es la gente!) [...]»
«¡Pobre hombre!, no merecía lo que le pasó. Fue una desgracia, ya que buscábamos adolescentes y no pobres obreros trabajadores. En fin, la vida es muy ruin. Calculo que hay un 30% de posibilida­des de que la policía me atrape. Si no es así, la próxima vez le toca­rá a una chica y lo haremos mucho mejor.»
Como no había nada que lamentar, sino todo lo contrario, la ha­zaña corrió de boca en boca entre la banda del rol. Así hasta que se enteró un amigo de ellos que se lo contó en confesión a un cura, des­pués al padre, y el padre lo puso en conocimiento de la policía.
Batallones de periodistas y psiquiatras comenzaron sus investiga­ciones. Nunca hasta este entonces se había dado en España un caso semejante.
Pascual Duarte, el genuino personaje de Camilo José Cela, co­menzó sus fecharías porque pensó que la perra le miraba mal. De un tiro la mató.
El ejecutivo rico, vacío y psicópata que protagoniza la novela del estadounidense Bret Easton Ellis narra con algunos años de antela­ción a Javier y con parecida frialdad su asesinato del mendigo: «Luego le corto el globo ocular... y él empieza a gritar cuando le cor­to la nariz en dos, lo que hace que la sangre me salpique un poco». El ejecutivo producto de la ficción contaba con el móvil filosófico de que los perdedores no cuentan en esta vida. El existencialista de El extranjero que inmortalizó Albert Camus en 1942 mató porque le atormentaba el calor, el resplandor insoportable del mar. A Javier y a Félix sólo les movió el juego.
Siete meses después del crimen, Félix Martínez, el compañero del autor del diario, declaró al psiquiatra José Cabreira, del Instituto Na­cional de Toxicología: «Después de leer todos los artículos de prensa que han hablado de nosotros, todo me parece basura periodística exagerada para distraer a la opinión pública de otras cosas más im­portantes. En particular se ha exagerado con el diario de Javier, en el que yo sé que lo que escribió estaba muy exagerado y fantaseado, es­cribió lo que él cree que pasó y en él es donde me inculpa. Además lo escribió muy deprisa, en dos o tres días, enseñándoselo luego a ami­gos comunes».
Javier también culpa a la prensa de su situación. Ninguno de los dos amigos ha hablado con rencor del otro. «Le llegué a idealizar», confesó Félix, «ése fue mi error y otro error, dejarme llevar demasiado». Para después añadir sin reparos: «Me dejé engañar, era cons­ciente de que me dejaba llevar, pero siempre aprendía algo».
Un monstruo
Félix sigue teniendo la impresión de que su amigo era un su­perdotado: «Javier es casi un inútil, alérgico, miope, con diarreas... Tiene de todo, incluso un estómago que es un caso único... Sin embargo en la parte mental es un monstruo... ».
Con un monstruo así era imposible que la policía los descubriese.
La banda confiaba en el Master, aunque no sabían que habían deja­do intactas las 60.000 pesetas en la chaqueta del idiota, con lo cual, la policía empezó a descartar el móvil del robo.
Nada más asesinarlo, Javier dedicó una ficha a Carlos con el nombre de Benito, el mismo que un profesor de Químicas. Lo dibu­jó con su bigote, con la bolsa donde guardaba su mono de trabajo, y puntuó sus cualidades: Fuerza 8, Poder 6, Carisma 4, Inteligencia 6, Tamaño 15, Voluntad 16.
Había que proseguir rellenando fichas, más cadáveres sobre la tumba del tablero, homicidios en serie, con la perseverancia de Jack el Destripador o sus secuaces anglosajones. Cuando fueron detenidos se disponían a salir de nuevo de cacería con los guantes de látex. Pe­ro a sus espaldas olvidaron una cosecha de pruebas. Restos de guan­tes en la cara del idiota, el reloj de Félix perdido en la pelea, el diario, el famoso diario en casa. Cuando la policía detuvo a Javier aún lleva­ba el dedo vendado que aseguró en el diario haberse herido al meter­lo en la boca del idiota. Se encaminaba a la casa de Félix, a veinte me­tros de la suya, con un paquete de guantes en la mano. Félix se derrotó enseguida, lo que en lenguaje policial significa ni más ni me­nos que reconoció todo. Entre sollozos declaró que el plan consistía en matar esa noche tórrida del 5 de junio a una chica y para eso los guantes. Pero Javier no se arredró ni por los agentes de la brigada de la Policía Judicial de Madrid, ni por las pruebas que le colocaban de­lante de su considerable nariz, ni por la lectura en vivo del diario.
–¡Dios mío, no puedo creer que yo haya hecho eso! Tengo la du­da de que sea verdad o ficticio.
–Si a las cuatro de la mañana –le preguntaba el policía– no esta­bas dando 20 puñaladas a un hombre, ¿qué hacías?
–Creo que estaba jugando al ordenador, no recuerdo bien. Después de los agentes llegó el batallón de psiquiatras a la cárcel.
Cada uno con sus entrevistas, con parecidas preguntas y distintas conclusiones. Si estaban locos, ningún crimen podría imputárseles; y si no, la condena sería por homicidio. Psicóticos o psicópatas, ése era el dilema.
Los psicóticos no son responsables de sus actos, los psicópatas, sí.
Los primeros se libran de cualquier condena, los segundos no. En el psicótico no existe conciencia del yo, en el otro, sí.
Los padres de Javier Rosado contrataron los servicios del profe­sor de Psiquiatría Forense de la Universidad Complutense de Ma­drid José Antonio García Andrade. El doctor se quedó extrañado de que su cliente declarase un cariño enorme por su padre, al tiempo que desconocía su edad y profesión. De la madre decía que trabaja­ba de ATS porque de vez en cuando le sanaba alguna herida.
Le confesó a García Andrade que de entre las razas, la que más le ha influido, la que más se asemeja a su persona es Cal, a quien de­finió como «un niño frágil, a veces una mujer rubia, que emana tal sufrimiento que es difícil acercarse a ella, aunque es peor cuando sonríe o tiene la cara machacada». Y aseguró: «Sin Cal yo no sería lo que soy. Con él aprendí a aprender. Lo conocí en 1988; Cal es do­lor; el bendito sufrimiento; ama los cuchillos, los objetos punzantes o cualquier cosa que pueda producir dolor, aunque lo que más le fas­cina es el dolor del alma».
De Cal aprendió Javier su simple teoría sobre la vida: «Aprender a usar el dolor es disfrutado como el placer. El dolor de los puntos de sutura que me dieron en la rodilla cuando tuve un accidente es mayor que el orgasmo con una mujer. El dolor es mejor que el pla­cer y más barato. La gente confunde al cenobita con el masoquista, pero no son lo mismo; éste disfruta siendo humillado y al someter­se, pero el cenobita disfruta al sufrir, porque con el dolor saca conocimiento. Cal dice que cometió el crimen del que se me acusa. Lo ha­ce para dañarme, para enseñarme, para causarme pena, desespera­ción, pero Cal no mata, sólo tortura».
¿Loco o actor? El 8 de octubre de 1994 le reveló a García Andra­de que el primer golpe a la víctima fue con un cuchillo pequeño de conchas naranjas. Le dio en el mentón y en la cara anterior del cue­llo y señaló el movimiento de su víctima bajando la cabeza hacia el tórax. García Andrade le hizo ver que este dato no venía en los pe­riódicos. Javier sintió miedo por primera vez, al menos, eso es lo que el forense contratado por su familia reseñó. «Estoy al borde de la lo­cura, necesito ayuda», cuenta el psiquiatra que dijo Javier, «es ver­dad, esto no venía en la prensa. Hay veces en que yo no miro, no veo, no siento, no huelo, no me fijo, no es una mente, es una máquina, tienes que hacer una cosa y la haces. Eso ocurrió».
En ese momento de la entrevista solicitó que se le sometiese al Suero de la Verdad, y se sumergió, según Andrade, en una gran an­gustia.
¿Loco o actor? Para el psiquiatra contratado por su familia, Ja­vier está loco, por tanto no se le podría imputar delito alguno. García Andrade sostiene que este chico de «inteligencia de tipo medio, con buena capacidad de abstracción y de síntesis» padece una «es­quizofrenia paranoide, además de personalidad múltiple psicótica y amnesia disociativa». Psicótico pues, sin lugar a la condena, además de esquizofrénico y con problemas de memoria.
Para el doctor, el juego no fue la causa de sus enfermedades, si­no precisamente la máscara. Dos años después del crimen, Javier se­guía jugando a Razas en la cárcel.
Pero el dictamen de García Andrade no era más, ni menos, que un estudio de parte, es decir, algo que había que contrastar necesa­riamente con otros estudios.
La titular del juzgado de instrucción número cinco de Madrid encargó otro informe a las psicólogas adscritas a la clínica médico-forense de Madrid Blanca Vázquez y Susana Esteban.
Cuando Javier les empieza a hablar de su perro Atila dice: «El pe­rro es una magnífica persona, cuando lea la prensa ya sabrá él a lo que me refiero».
Javier se declara ratón de bibliotecas, con más de 3.000 volúme­nes en su casa, y las psicólogas corroboran que el preso cuenta con cierto bagaje de cultura fantástica, pero no sabe quién es Martin Luther King, por no hablar de temas corrientes como ecología o Ter­cer Mundo, de los cuales asegura desconocer todo.
El dilema
¿Loco o actor? El informe de las psicólogas lo califica de psicópata pero... «este diagnóstico implica un trastorno de personalidad que no afecta en absoluto a su capacidad de entender y obrar [...]. El sujeto sabe lo que quiere hacer y quiere hacerlo cuando lo hace». Por tanto, susceptible de condena.
El informe de las psicólogas es bastante más duro que el del psi­quiatra contratado por la familia. Para ellas, Javier Rosado jamás se ha creído ser una de sus razas, sino que las conoce y controla a su voluntad y siempre desde una perspectiva de observador. Y conclu­yen: «Se trata de un sujeto altamente peligroso [...]. Bajo circuns­tancias favorables podría cometer cualquier crimen violento y sádi­co. Odia a la sociedad y a las personas, con las que no se siente implicado más que de forma racional. Busca activamente reconoci­miento social».
Blanca Vázquez y Susana Esteban concluyen su estudio de 21 pá­ginas el 7 de octubre de 1994. Doce días después Juan José Carras­co Gómez y Ramón Núñez Parras, especialista en psiquiatría el pri­mero y médicos forenses ambos adscritos a los juzgados de la plaza de Castilla, presentan a petición de la juez otro estudio sobre Javier de 51 páginas. Ambos análisis, el de ellas y el de ellos, se habían efectuado de forma paralela a petición de la juez y de eso se queja­rían por escrito Carrasco y Núñez al entender que «los retests practi­cados en fechas cercanas pierden fiabilidad».
Unos y otras se encierran con el preso, visitan a sus familiares, analizan sus escritos y, al emitir sus dictámenes, se contradicen. Ca­rrasco y Núñez sostienen que cualquiera de las múltiples personali­dades de Javier «pueden tomar el control absoluto de la conducta». O sea, exento de penas.
Aunque también hacen reseñar los doctores que tanto su madre como su hermano mayor no habían observado antes del crimen nin­gún comportamiento en Javier sospechoso de tratamiento psiquiátrico. Ni alteraciones de memoria, ni manifestaciones de las distintas personalidades, ni soliloquios. Siempre fue muy estudioso, introver­tido y lector infatigable. Nunca pensaron que precisase de psicólogos, aunque una vez en la cárcel comenzaron a verle con trastornos serios en sus visitas.
En una de sus entrevistas los dos psiquiatras llegan a plantearse si Javier actúa en plan estratega, porque alguna vez les había ad­vertido que durante su estancia en prisión iba a resucitar a Wul, el estratega que estaba adormecido, para defenderse así de funciona­rios, médicos y otros presos.
Tras varias horas de entrevistas con el recluso y su familia, tras consultar las más de 1.000 páginas que Javier escribió sobre su jue­go, además de bibliografía y jurisprudencia sobre personalidad múltiple en Estados Unidos, Carrasco y Núñez concluyen que sus tras­tornos no están buscados conscientemente como coartada porque sería muy difícil de simular un cuadro clínico de tanta riqueza, ex­presividad y contenidos. Resumen: enajenación mental completa. En cuanto a las posibilidades de cura, «no existe ninguna cuya indica­ción sea garantía de una evolución favorable».
Sin embargo, Javier Saavedra, el abogado de la familia de la víc­tima, asesorado por psiquiatras especialistas en casos de múltiple personalidad, sostiene que Javier es un psicópata dueño de todos sus actos. «Si hubiera encontrado junto a la víctima a un guardia civil, un psicótico habría cometido el crimen igualmente, pero Javier Ro­sado, no: él discernía el peligro. El psicótico puede ver perturbados sus sentidos afectivos, pero no es frío como el psicópata.»
Carlos Fernández Junquito, médico psiquiatra del Hospital Ge­neral Penitenciario, vio a Javier como una persona con la afectivi­dad prácticamente abolida. «Cierto día, estando presente en la en­trevista la psicóloga de la Unidad, le dijo: "Puede usted quedarse, es como el teléfono".»
Pero el psiquiatra Fernández Junquito le diagnosticó el 18 de oc­tubre de 1994, en el informe más breve de los tres elaborados, es­quizofrenia paranoide, algo que desecharon otros doctores.
Para el letrado Saavedra, Javier Rosado no sólo está exento de cualquier tipo de esquizofrenia sino que se trata de un psicópata res­ponsable y consciente de todo lo que hizo: «El lenguaje del psicópa­ta es estructurado, racional y lógico, como el de Javier; los psicópatas_ son seres racionales, muy manipuladores, engañan mucho, ambicio­nan el poder y para ello se valen del lenguaje, mientras que el psi­cótico pasa del poder. En el momento en que lo cogieron no es un psicótico, aunque después haya desarrollado una psicosis».
Javier se consideró impotente ante los psiquiatras para saber si él había cometido el crimen. Aseguró que si intentara averiguarlo se podía declarar dentro de su cabeza una guerra civil entre las razas, como la que sufrió con 17 años: «Hubo una rebelión en COU que fue la guerra de los Maras... fue cuando tuve el desengaño amoroso, mi depresión, Mara contra Fasein». Para investigar sobre aquel cri­men dijo que tendría que atravesar pasillos de su cerebro muy peli­grosos, porque hay razas que no dejan pasar a nadie por allí.
El 22 de junio de 1994 Javier salió esposado de la cárcel de Val­demoro para que lo examinara en los calabozos de la plaza de Cas­tilla un forense. En el trayecto del furgón a la cárcel, un redactor de El País le preguntó:
–Javier, ¿te arrepientes de lo que has hecho?
–Yo no he hecho nada –contestó con la cabeza gacha para eludir las fotos–, yo no he hecho nada.
Uno de los guardias civiles que lo custodiaban le levantó la cabe­za agarrándolo por la nuca y le dijo:
– ¿Que no has hecho nada, cabrón?
En la cárcel, algunos presos mucho más fornidos que él le respe­tan y le temen por el halo de inteligencia que le ha otorgado la pren­sa y sus partidas de ajedrez.
Pero su compañero Félix fue a parar a un pabellón de adultos donde los otros presos, en un alarde de originalidad, lo han bautiza­do con el alias de Niño.
Los psiquiatras Carrasco Gómez y Núñez Parra señalan que a pe­sar de todo Félix seguía admirando a Javier y se mostraba interesa­do por lo nuevo que podía estar escribiendo su amigo en prisión sobre Razas. «Ahora seguro que utiliza la raza 17, Wul, y la 18, la serpiente de lengua bífida, que intenta convencer haciendo daño a otros, implicar a otros para salvarse él mismo ... y es posible que Fa­sein pueda cortarse los dedos, Fasein es el que se automutila, que aprende con el sufrimiento, que se va cortando los dedos y va apren­diendo ... »
Félix a veces también duda de su personalidad: «No estoy seguro de haberlo hecho... pero quizás no fuera yo en ese momento... esta­ba muy identificado con Javier... me he metido en un lío... [sollozos], de una broma de matar a alguien nunca pensé que fuera a suceder lo que sucedió».
Mientras esperaban la sentencia del juez, Javier seguía jugando a sus Razas, inventando alguna de ellas basada en la persona de un policía que le interrogó, y Félix se entretenía con poemas como este que escribió antes del crimen:
Quiero romper las cadenas de la muerte
y volar por estepas infinitas
con un caballo de alas marchitas
cantando con el grito de un demente.
Pasarán estaciones pequeñitas
en el ritmo incesante de mi mente
con mi amargo recuerdo tan caliente
soñarán las mujeres más bonitas.
Mas te recuerdo y en mi memoria gritas.
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2017.06.08 08:33 VictorDLopez Héroes Desconocidos: Parte I – Emilio (abuelo materno)

Héroes Desconocidos
Aunque estoy parado en los hombros de gigantes, No veo mucho más lejos del puente de mi nariz.
La culpa es mía. La vergüenza es mía. Pues no soy digno de ustedes, mis queridos muertos.
Parte I – Emilio (abuelo materno)
Su crimen fue su inteligencia y su posesión de una conciencia social, que le hizo anhelar Ver a su amada España permanecer libre y le impidió tolerar a fascistas. No portó armas; aborrecía todo tipo de violencia. No incitó la rebelión, Aunque se rebeló contra los enemigos de la libertad nacionales y extranjeros.
Fue apasionadamente un idealista que, en un tiempo de oscuridad, se aferraba a la Creencia en la perfectibilidad del espíritu humano. No pudo soportar las mentiras que los periódicos Regionales llevaban diariamente y tradujo noticias de los periódicos estadounidenses y británicos sobre La creciente tormenta, compartiendo la verdad libremente con todos los que le escuchaban.
Dio discursos y escribió discursos dados por otros en apoyo a una moribunda república, Derrumbándose bajo el peso de su propia incompetencia y corrupción. Le avisaron amigos de su inminente arresto y le ofrecieron pasaje a Nueva York o a Buenos Aires donde muchos de sus amigos ya habían encontrado refugio.
Pero no conseguirían pasaje para su esposa y sus nueve hijos, y se negó a abandonarlos a su suerte. Vinieron por usted, como siempre, en medio de la noche, esos cobardes con rostros severos escondidos Detrás de ametralladoras. Le llevaron preso, no por la primera vez, al Castillo de San Antón, una Antigua fortaleza en una bahía hermosa y tranquila, y lo transfirieron a otros calabozos.
Le arrancaron las uñas, una por una, y esas sus más tiernas caricias, mientras le pidieron nombres. Lo que soportó, solo Dios lo sabe, mediante meses, y fue condenado a muerte como un traidor. Le abrían fusilado en La Plaza de María Pita. Pero la República tenía amigos, hasta entre algunos Oficiales fascistas, y uno de ellos le abrió la puerta de su celda en la víspera de su ejecución.
Había sido transferido al Castillo de San Antón a esperar su sentencia. No obstante de haber contraído Tuberculosis entonces, sin embargo, según mi abuela, logró nadar de A Coruña a Sada a través de la Bahía en una noche sin luna, a la seguridad del hogar de otro patriota que arriesgó su vida y la de su Familia para albergarle, y realizó un viaje de muchos kilómetros a pie para encontrar a su esposa.
Encontró su casa y le informó a su esposa del inesperado aplazamiento, y le pidió que enviara alguna Ropa y zapatos para reemplazar sus trapos sucios. Según mi madre, su hija mayor, María, insistió en Acompañar a ese honrado desconocido, llevando cuanta ropa, comida y afectos personales Pudo rápidamente recoger para llevárselos, sin saber cuándo le podría volver a ver.
De vez en cuando aceptó la hospitalidad de una noche de estancia en el desván o ático de un Simpatizante republicano, los cuales no eran difíciles de encontrar en una Galicia Ferozmente independiente bajo el yugo de uno de los suyos. Pero sobre todo vivió en el bosque, con guerrilleros activos durante años.
Vivió con todas las comodidades de un animal perseguido con otros que no cederían, Cuyo mayor delito consistió en estar en el lado equivocado de una causa perdida. Espero que le diese algo de consuelo el saber que estaba en el lado correcto de la historia. No se lo dio a su esposa ni a sus nueve hijos.
Usted pagó muchos inimaginables sacrificios como penitencia por su conciencia. Una vez al mes o más Después de pasado algún tiempo, visitó su esposa e hijos. Le introdujeron a los más pequeños como un Tío que vivía lejos. No sabían ellos quien era el barbudo salvaje que pagaba estas visitas en media noche Y se despedía antes de amanecer llevando puesta la ropa vieja y limpia de su padre.
Los más mayores, María, Josefa, Juan y Toñita, todos aun en su adolescencia, les decían a los más Pequeños que su “tío” portaba noticias de su padre. Los niños más jóvenes, aun vistiendo los mantos Deshilachados de su inocencia, aceptaban esto, sin preguntar por qué se quedaba en el cuarto de Mamá toda la noche y se marchaba siempre antes que despertaran la mañana siguiente.
No puedo concebir la profundidad de su angustia en tener que interpretar el papel de un extraño en su Propia casa, de no poder abrazar a sus hijos más pequeños quienes adoraba, por miedo a Vecinos fascistas quienes trataban a menudo de adquirir informes de ellos con pasteles y dulces en Tiempos de hambre, tratando de usar su inocencia como un arma contra usted.
Sus padres eran relativamente ricos empresarios que cultivaban el mar pero lo desheredaron— Tal vez por su política, tal vez por elegir el emigrar, negándose a unirse a la empresa familiar o Tal vez por casarse por amor en la ciudad de Nueva York con una joven sumamente trabajadora pero De clase humilde y estación social inferior en los ojos de sus padres.
Vivió lo suficiente para ver el fin de la guerra civil, pero no a su amada España liberada de sus cadenas. Falleció antes de sufrir las consecuencias de la guerra cuyo fin fue el preludio de Décadas de cosechas de angustia y amargura a quienes la sobrevivieron. No se salvaron de esa cosecha su esposa ni sus hijos.
No hay libros que graben su nombre. Casi todos quienes le conocieron están muertos. No obstante, siete décadas después de su fallecimiento aun aparecían flores frescas en su nicho en el Cementerio de Fontan que guarda sus cenizas y las de su hijo mayor, Juan y su hija, Toñita, quienes murieron aún mucho más jóvenes que usted, a los 19 y 15 años.
También yacen allí las cenizas de su esposa, Remedios, donde el Honor, la bondad, la decencia, y un Corazón puro y deshecho en su Muy corta vida por un mundo muy poco merecedor de su Presencia finalmente descansan en paz.
NOTEN: Este es un extracto de mi poema más largo, "Unsung Heroes" de mi libro Of Pain and Ecstasy: Collected Poems [De Dolor y Éxtasis: Colección de Poemas] © Victor D. López 2011, 2014, 2017. Esta traducción al español del ingles original es rápida e imperfecta, pero también es mía.
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2016.07.06 17:19 mau5kids Creepypasta - ¡No vivas junto con un asesino!

Me queda pocos minutos de vida por culpa de un asesino. Les cuento esto, pero les advierto, esto NO les va a gustar nada los que les voy a contar.
El día 13 de Marzo de 2009, mi esposo tuvimos que mudar a una nueva casa. Ya que la anterior, estaba un estado que era podrido en mi expresión. Nunca me gustaba el ambiente, porque olía un olor que me dan ganas de gritar, como si orinaban todos los días en mi casa. Porque tenía 30 años construida. Así que, en mi auto, nos fuimos a nuestra nueva casa. El camión se llevaba todas nuestras cosas y estamos juntos manejando. No teníamos hijos, así que éramos unas familias solitarias. Luego de 20 minutos, llegamos a la casa. Mi esposo estábamos ya felices de irnos de ese mugroso lugar. Así que, nos bajamos el auto, cerramos la puerta y esperamos el camión para encargar nuestras cosas. Del camión sacamos nuestras cosas, los muebles, las mesas, nuestros sofás, el televisor, el refrigerador, y muchas cosas. Luego de 1 hora arreglando la nueva casa, nos sentimos alivios y encontramos un lugar agradable y perfecto para seguir con nuestras vidas.
El día 15 de Marzo de 2009, visitamos a nuestros nuevos vecinos. Eran muy agradables y cariñosas. Todos me dieron las bienvenidas, aunque atrasada por cosas personales, me sentí más cómodo y placer en conocerlo. Hasta una de mis vecinas, me invito a su casa para conocerlas y dar las bienvenidas. La vecina tenía lindas hijas, eran muy divertidas. Luego de 4 horas de bienvenida, me fui a mi casa y me puse a ver la televisión.
El día 28 de Abril de 2009, fui a comprar el pan justo en un mini súper. Compre 8 panes, camine hacia mi casa. Pero luego, me tropecé con uno de mis vecinos nuevo. A mí se me cayó el pan pero el vecino me lo recogió. Pero era el lindo, siempre sonreía y nunca le he visto enojado. Hasta me dieron un sentimiento de como enamorarme de el literalmente, era un hombre alto, de barba no tan larga, sus ojos era de color verde. Usaba un sombrero de huaso, tenía un reloj grande y zapatos café claros. Me miraba como si me quería darme un beso. Les di las gracias nerviosamente. Él hablaba muy nervioso, pero siempre estaba sonriendo. Así que me fui a mi casa.
A las 18:00pm, el vecino me miraba por la ventana. Me miraba fijamente como se si enamoro de mí. Yo pensaba que se enamoró de mí, pero no sé si es viudo o casado, porque no quiero tener nada con él. Simplemente no causar problemas y además, ya tengo un amor de mi vida. Luego, mi esposo se fue hacia a mí para ver que hacía. Yo me asuste y le dije que estaba mirando las casas. El vecino también se fue. Mi esposo me invito a cenar, me trajo pollo asado, puré de papas y vino. Yo me quedé asombrado hasta nos dimos un beso apasionado. Me di cuenta que esto me preparo hace mucho tiempo desde que nos casamos, hasta ahora mismo me dijo. Luego de la cena, me dijo lo siguiente, esto fue un poema: “Amor mío, Me embarcaste tu corazón hacia a mi barco, Me cantaste hacia el lugar más bonito. Jamás me has cortado el cabello por otro, Siempre fuiste tú. La princesa de mis sueños, Que siempre estás en tu castillo, Esperándome para recibir el beso del verdadero amor”. Llegue a llorar de la emoción, hasta nos dimos otro beso.
El día 4 de mayo de 2009, mi vecino me dispuso a arreglar la cañería, porque en mi lava manos se quebró una parte para caer el agua. Así que él, se puso a arreglar. Luego de 2 horas en arreglar, lo termino. En ese momento, me agradeció. Yo igual le agradecí por su hospitalidad. Me dijo que quería hacer una fiesta en su casa, luego de pensarlo muy bien, le dije que sí. Además, ¿Qué podía pasar por una simple fiesta? Así que, una hora después, le dije a mi esposo para ir. Pero luego reacciono mal, pensando que yo la estaba engañando. Hasta me amenazo si me veía ese hombre, lo iba a matar y querer divorciar. Yo le dije todo lo contrario, pero él se negó. Así que lo ignore.
El día 20 de mayo de 2009, me arregle con un vestido muy bonito. Mi esposo estaba en la TV, nos dimos un beso y me fui. Salí de la casa y entre a donde mi vecino. Pero al parecer, me recibió pero no había nadie. Solo él y yo. Yo le dije que ibas a invitar a los vecinos, pero dijo que será una fiesta para los dos. Yo como positivo, le dije bueno. Pasaron las horas y estuvimos tomando, bailando y otras cosas. Yo solo tome bebida, porque no quería llegar a mi casa borracha y de no tener problemas.
A las 11:50pm, la fiesta estuvo muy buena, pero extrañamente me sentía mal, aunque no haya tomado cerveza o vino. Mi vecino me dijo que me fuera a mi casa y que descansara. Yo le dije que fue una buenísima fiesta. Así que me fui a mi casa, recogí las llaves y entre. Mi esposo se quedó durmiendo en el sofá, así que apague la tele y le puse unas sábanas. Yo me fui a costar porque estaba muy cansado, me quede durmiendo en mi cama.
A las 3:15pm, estaba durmiendo. De repente me dieron ganas de tomar agua, porque no aguantaba más la sed. Así que, sin preocupaciones, baje de mi cama y fui a la cocina. Baje de las escaleras pero vi algo extraño en las sabanas de mi esposo, estaba húmeda, pensé que se orino, hasta me dio risa. Encendí la luz y vi mi esposo decapitado, le cortaron la garganta de pedazo a pedazo, le cortaron las venas y le apuñalaron en el corazón. Me quede paralizado del miedo, hasta deje caer el vaso con agua. Se rompió el vaso y empezó a temblar. Grite desesperadamente por auxilio. Corrí hacia a arriba de las escaleras, me di cuenta que mi parte centrar de mi cuerpo, fue cortado. Me quede gritando hasta me sentí mal. Corrí a mi vecino para ayudarme, porque mi celular no tenía batería. Toce la puerta varias veces y no me respondía. Llegue el punto de explotar y decidí patear la puerta con mucha fuerza. La puerta se soltó y entre corriendo para avisar a mi vecino. Le dije “vecino” como 20 veces, porque no me respondía. La desesperación no podía más, decidí buscar su cuarto. Su cuarto era lo más terrorífico, solo tenía un cama, pero no tenía ventana. No tenía decoración, muebles, alfombra o accesorios básicos para el hogar. El cuarto era oscuro, decidí buscar una linterna, para explorar su cuarto. Busce en todos los muebles, pero no he encontrado ninguno. Luego de 4 minutos, por fin encontré una linterna. Era una pequeña, pero útil. Encendí y fui al cuarto de mi vecino. Ilumine pero descubrí mensajes ocultos que eran hechos en sangre al parecer, decía: “Ayúdame”, “No quiero morir”, “Diles que quiero mucha a mi madre y a mis hijos” y el otro que me intrigo más “Sé que voy a arder, hasta que la muerte venga ahora”. Me quede totalmente paralizado del miedo, no pude contener más. Pero en el piso, empezó a oler a muerto. Que había una reja pequeña justo en la cuadra de la casa. Decidí abrirlo y ver que hay a ahí. Era casi pequeño, pero era de baja estatura y pude recorrer ese extraño cuarto. Pero era horrible, descubrí esqueletos descompuestos, vi cadáveres de mujeres asesinadas. Pero lo horrible que los cadáveres era solamente mujeres. Me quede llorando y decidí salirme. Pero justo estaba mi vecino mirándome en la reja. Con la misma sonrisa y me asuste. Yo dije que era eso, dijo que eran cadáveres de sus víctimas. El asesino 120 mujeres y todos eran esposas, pero fueron asesinadas. Yo le dije porque hiciste todo eso, creí que era una buena persona, pero creo que lo peor de tener alguien como tú. Él se acercó hacia a mí con toda la intención de matarme. Yo corrí y el corrió para matarme. Llame al 133 y me dijeron que la policía está en camino. Pero luego el asesino estaba detrás de mí y le di un golpe en la cara. Hasta tuve miedo y tuve nada más que hacer. Pero el vecino fue atropellado por un auto y acabo de ser arrollado en su cabeza. Me asuste y justo de eso, vino la policía. Vio el cadáver y les dije que en su casa había cadáveres de mujeres. Los policías se pusieron investigar y encontraron victimas casi jóvenes, eran de 18 o 17 años. Tenía 120 víctimas, era muy horrible y ellos se pusieron mascarillas para evitar el olor insoportable a muerto. Sacaron fotografías, investigaron los mensajes crípticos. Hasta les dije que mi esposo fue asesinado, les dije que está en mi casa. Uno de ellos fue conmigo y vieron el cadáver de mi esposo. Se pusieron a investigar y lo mato el mismo asesino arrollado. Pero también les dije que el asesino me apuñalo mientras estaba dormida. Me vieron y dijeron que me sacaron un bebe. Yo quede impactado y casi me desmaye. Pero yo nunca sabía que tenía un bebe, ni he sentido un movimiento de un feto. Yo quede llorando y no podía comprender este tremendo problema. Luego de esto, me desmaye.
El día 21 de mayo de 2009, desperté en el hospital. Yo dije al doctor que estaba esperándome para que me despertara, que paso. Me dijeron que me recibieron una fuerte apuñala de un asesino, me quebraron los vasos de un bebe que estaba a punto de nacer. Yo dije que no sabía nada de que estaba embarazada, le dije que no sentí ningún movimiento de un bebe en mi embrión. Me diagnosticaron que él bebe robado tenía 2 meses de embarazo, pero extrañamente él bebe no se movía, por lo que me dijo que pensaba que estaba muerto, pero estaba vivo. Me robaron mi bebe cuando él dijo que estaba ya el día de dar luz. Yo dije que mi bebe esta con un asesino, pero dijeron que está en el orfanato, porque dijo que su madre se va a morir. Le dije temblando, ¿quién va a morir? Me dijo que era yo. Yo quede llorando y le dije porque. Me dijo que el estómago estaba tan roto que los sistemas respiratorios están dejando de funcionar. Así que me queda tiempo de vida en 3 días. El doctor se fue y quede llorando de pura tristeza.
Esto estoy contando esta historia el día que me voy a morir, así que, nunca vivan junto con un asesino, será el peor de sus vidas. Adiós.
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